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DESARROLLO CON IDENTIDAD

“…el colmo de la soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos. Pero gentes como él y tantos otros, que se aceptaban a sí mismos (o que se rechazaban pero conociéndose de cerca) entraban en la peor paradoja, la de estar quizá al borde de la otredad y no poder franquearlo. La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un sólo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde afuera, desde lo otro ." Julio Cortázar en “Rayuela”.

El problema de la relación identidad/otredad no es un asunto contemporáneo sino que persiste a lo largo de la tradición filosófica Sobre las dificultades de definir la relación sujeto/objeto se preocupan los filósofos desde Platón. En la historia de la filosofía la lucha entre los dos conceptos (el énfasis lógico y el diálogo) persiste en forma del dualismo entre la predilección por la “mismidad”, unidad e identidad por una parte, y el énfasis en la “otredad”, diferencia y pluralidad por otra. En su base, cada uno de los sistemas filosóficos se presenta como la afiliación a una de las dos posibilidades fundamentales de mediar la relación identidad/diferencia. Los seguidores del cartesianismo Io ven como oposición insuperable en que todas las diferencias deben de alguna manera reducirse, a la identidad. Al apropiarse del otro, el yo surge como el centro del universo. La segunda posibilidad gira alrededor del otro extremo: la identidad se reduce a sí misma, hasta que se define en términos de una cosa finita entre las otras. La dispersión del yo en esta segunda perspectiva filosófica a veces lleva al yo hasta el vacio y la desaparición. Esta relación de la oposición binaria de identidad/diferencia y las dos alternativas de mediarla, producen en el discurso filosófico, por analogía, otras relaciones, basadas en el mismo patrón dual: totalidad/desintegración, estabilidad/ inestabilidad, presencia/ausencia orden/caos, coherencia/incoherencia, antes/después, racional/irracional, etc. Cada una de estas oposiciones presupone el énfasis de una postura negativa en cuanto a la posibilidad de la superación del dualismo inicial.

La publicidad es la herramienta uniformadora más potente que tiene un proceso de aculturación. Europa, sus colonias y los países que devienen de esos procesos y que imitan los modelos imperialistas inglés, francés o español, son los principales exportadores de cultura al resto del mundo. Y dichos modelos son los principales motores de diferenciación. El orden mundial se está rompiendo, los países creados para beneficio de las metrópolis se están desmoronando: Chechenia, Osetia del Norte, Irak, Los países balcánicos, etc. Y hay muchas naciones buscando que las demás las reconozcan como tales, como es el caso del Kurdistán y la nación Aimara, tan solo por nombrar dos casos de renombre. Y la publicidad y el libre comercio son las herramientas de los nuevos procesos colonialistas. Por ejemplo, China que históricamente poseyó territorios en lo que hoy es Siberia en Rusia, que hacían parte de lo que se denomina Manchuria, actualmente no busca volver a poseerlos con guerra o medios bélicos. Ahora hace algo más fácil, rápido y pacífico, está alquilando los terrenos ricos en minería y lleva centenares de miles de ciudadanos chinos para que trabajen en esos territorios olvidados, pero ricos y muy bellos que distan mucho de la imagen que nos han mostrado de un Siberia inhóspita y congelada. El poder económico y comercial es la nueva avanzada en las intenciones imperialistas y expansionistas.

Lo anterior es una simple explicación de los nuevos métodos que el poder económico tiene para mantener su supremacía. Quien posee los recursos y el conocimiento posee el poder. Y sin disparar un solo tiro, la gente es fácilmente manipulable dado que todos necesitamos comer y vamos tras de las oportunidades laborales. Y entre más alienada esté la población para que sirvan como la mano de obra de los intereses imperialistas, más fácilmente se podrán realizar estas estrategias y otras como: los embargos económicos, los sitios, el auspicio de dictaduras, el asesinato político, etc.

El marketing de ideas es la herramienta moderna para uniformar el pensamiento humano, estamos inmersos en estrategias de alienación mental el 100% del tiempo, en el hogar, en la cama, en el trabajo, los hijos lo están. La sociedad occidental capitalista es uniforme si importar el país en donde se esté,

La identidad determina lo que es propio y lo que es ajeno, lo que se requiere al instante y lo que se espera necesitar en un futuro. La identidad está confirmada por la otredad. La identidad no es un proceso único, es una construcción colectiva, de varios que se reconocen como iguales y se reconocen como diferentes de otros grupos, en un constante continuum, puesto que nada es estático en el universo, y por tanto tampoco lo son los seres vivos, ni lo somos los humanos. Y no piensa lo mismo de sí mismo un individuo en su infancia cuando se reconoce como ser razonante, que en su vejez; podría decirse que siendo la misma persona, el tiempo y las condiciones ambientales y culturales cambian su identidad hasta hacerlo diametralmente opuesto a lo que fue.

Esa es la identidad, construida diariamente la que está determinada por el gregarismo, por el grupo social al que una persona pertenece y se reconoce en él.

La realidad distorsionada por los intereses económicos de quienes detentan el poder, es el principal enemigo de la identidad, de la propiocepción y de la identidad socioeconómica de un país. De esta desviación devienen problemas tales como la anorexia y la bulimia, en los seres jóvenes, la depresión en los adultos y la pobreza extrema en las naciones, jóvenes o antiguas, no importa. El bombardeo constante de lo que los medios de comunicación definen como la verdad, lo aceptado socialmente, hacen que la identidad sea cada vez un objeto de culto en las personas jóvenes, un artículo de crítica constante en los viejos y algo que se requiere para progresar en una nación. La identidad no está en el vestir, no están en el hablar; la jerga y el atavío aunque determinan lo que un ser piensa no resume lo que se es, puesto que es la esencia lo importante, esta gran búsqueda.

Pero luego de mucho buscar, encontramos que la esencia de la identidad no diferencia sino que unifica, lo que nos hace tener una identidad es lo que en el grupo nos hace desvanecernos en la multitud, somos uno más del grupo, uno más igual. Tal como lo rezan los sabios de las ciencias ocultistas: tal como es arriba es abajo y todo es uno; la unidad del Todo en el Uno es, y demás claves herméticas que lo que buscan es poner en palabras lo que solo es posible aprender con el tiempo, que somos uno con el mundo y al ser uno con el mundo es imposible tener una identidad propia y referirnos al otro como tal, puesto que somos él y él está en nosotros.

Considero que el proceso de dignificación humano no está en el reconocimiento de la diversidad, sino por el contrario en el reconocimiento de la unidad.

Reconocer que somos diferentes es un error, puesto que es imposible que logremos una consideración por el otro enmarcada en la diferencia, esto conlleva a iniciar procesos de tolerancia. La única forma de lidiar con la diferencia, con la otredad es con la tolerancia, la cultura está basada en la tolerancia, por tanto en ella todo es ritualizante, llevando a la sublimación procesos naturales como los interpersonales, con tal de evitar que la intolerancia acabe con la falsa paz que se puede lograr gracias a este intento. Y hace que las personas que se crían bajo este concepto, estén viejas e inservibles cuando han logrado comprender que la base de la existencia está en la unidad y no en la diversidad.

Es por esto que los discursos políticos y aún los discursos de sectarios resaltan los principios igualitarios, la unidad entendida como algo que está en todos. Pero es una herramienta de doble filo puesto que solo nos podemos reconocer iguales si identificamos a quien no lo es. Esto es una potente herramienta de intolerancia, puesto que quien es diferente estorba, debe ser eliminado, reducido o asimilado.

Si se piensa en que es posible el logro de la dignificación del ser humano, como ser participativo, emancipado, autogestionador y transformador en una relación sinérgica con el medio ambiente tanto individual como colectivamente, y que este sea el motor de un país o de una región específica, entonces se deberán generar procesos que tengan en cuenta el reconocimiento a la diversidad, la inclusión, la equidad y lo público para pensar en un proyecto de región, pero se requiere que en estos procesos prime la importancia de la creación de la identidad por medio del concepto de unidad, eliminando los preceptos negativos del concepto de otredad. Y es sencillo, se viven momentos de cambio, en donde el discurso de la importancia de la naturaleza y su biodiversidad hacen que nos preocupemos por nuestro planeta, pues es nuestro único hogar. Recordar ideas como: “polvo eres y en polvo te convertirás” “somos tierra que camina (como dicen los indígenas norteamericanos)”, resalta la importancia de el amor al prójimo, pero este concepto de amor es simple de comprender si se entiende que lo único que se desea significar es que todos somos uno, que el aire que acabo de respirar, mi vecino lo respirará y gracias a él vivirá así como yo vivo; que tiene tanto derecho a vivir una hormiga como el presidente de la nación más poderosa.

Lo anterior podrá sonar utópico, pero no debemos olvidar que hay sociedades muy ricas y/o antiguas que tienen estos conceptos como pilar básico, tal es el caso del Japón y sus filosofías animistas, en donde el “Shinto” o espíritu de la naturaleza está en todo y es todo. O las comunidades indígenas y su respeto a la madre tierra.

Es fundamental la deconstrucción del referente y la construcción del destinatario, para la creación de una nueva identidad personal o nacional. Olvidar todo lo anterior e invertir en las nuevas generaciones distantes de los modelos culturales que generan identidad actualmente es fundamental para garantizar un futuro justo e incluyente en donde se pueda vivir en armonía con la naturaleza.

La identidad no antecede sino que es el producto, es la consecuencia de la diferencia, es la presencia estable con la que se llega a la conclusión de que el significado está siempre vinculado con algún signo. Esto se evidencia en campañas de identidad nacional o “marca país” como se le llama actualmente esta tendencia de hablarle a los demás que los colombianos son personas de bien y que este territorio es pacífico y hermoso.

Los anteriores conceptos son la base teórica de otros nuevos conceptos y maneras de aproximación a dicho problema: etnodesarrollo, desarrollo humano con identidad, desarrollo endógeno, desarrollo indígena, etc. Todos gravitan ante la misma premisa: .. ejercicio de la capacidad social de un pueblo para construir su futuro, aprovechando para ello las enseñanzas de su experiencia histórica y los recursos reales y potenciales de su cultura, de acuerdo con un proyecto que se defina según sus propios valores y aspiraciones, expresada por Bonfill Batalla.

Este es el momento en que muchas comunidades empiezan a reflexionar sobre las razones por las cuales el modelo de desarrollo aparente homogéneo condujo a una pobreza inmensa, y a todas luces, irremediable por esos mismos medios. Más aún los pueblos indígenas cuestionan la idea occidental de desarrollo, puesto que para ellos no existe y todo se resume a vivir en armonía con la naturaleza y con sus semejantes y que haya un aprovechamiento equilibrado de las riquezas que de ahí nacen o se producen. De modo tal que el concepto de desarrollo va camino a ser revaluado del mismo modo que el concento de progreso, que ya no es aplicable en lo que atañe al desarrollo humano, social y ambiental, puesto que no todas las sociedades transitan el mismo camino hacia una modernización homogénea.

Ahora lo importante es el desarrollo a escala humana, no escrito en mayúsculas, puesto que hay que referirse a la metodología de Max-Neef, sino visto como el fin “civilizante” de la gran mayoría de las sociedades. Las críticas al discurso del desarrollo, visto desde la ecología política, desde el enfoque postmoderno, el Informe de Roma, todas apuntan a expresar que no hay recursos naturales suficientes para sostener esa carrera enloquecida hacia la industrialización, sin observar las regulaciones necesarias para preservar el equilibrio ecológico, lo que en parte conllevó a la desaparición de un sistema socio-político como fue el socialista, así como a la desaparición de los países que se basaban en este sistema. Todo auspiciado por el Banco Mundial que sostiene programas de privatización, a través de la venta de activos, bienes o servicios públicos o su concesión al sector privado, y el apoyo a los tratados de libre comercio.

Basados en la tesis de la Comisión Brundtland, cuando aumentan los ingresos aumenta la degradación del medio ambiente, y en oposición a los principios de la política ecológica, entonces en la década de los años 80 del siglo pasado aparece el concepto de sostenibilidad o sustentabilidad. Así mismo en contraposición el concepto de Globalización ha migrado de la microeconomía a la política estatal y una concepción macroeconómica mundial y la creación de la Organización Mundial del Comercio y la desmantelación de el concepto de soberanía estatal, la supresión de subsidios y estrategias proteccionistas, y toda reglamentación, control y supervisión de los flujos de capital, bienes y servicios.

En resumen, el etnodesarrollo es la herramienta para hacer coincidir, en un solo objetivo, los conceptos de desarrollo humano e identidad, y en donde el desarrollo social y el ambiental son el escenario en donde todo discurre. En donde el grupo étnico tiene unidad político administrativa y su propio territorio tal como está estipulado en la Declaración de San José sobre Etnodesarrollo y Etnocidio en América Latina.

Y este concepto no solo es viable para las comunidades indígenas, cualquier comunidad puede ser comprendida desde este sistema, con autonomía territorial o no, pero no puede faltar la autonomía en la autodeterminación de sus valores y sus objetivos, es decir, de su identidad. Y este concepto están fundamental que hasta el Banco Mundial está apoyando proyectos de fortalecimiento institucional, patrimonial, de género, autogestión y culturales porque se reconoce que este es una herramienta muy potente para crear identidad y desarrollo humano.

Los fundamentos del discurso de desarrollo con identidad se sostiene sobre una serie de categorías básicas: el crecimiento, el consumidor y el mercado. El crecimiento se analiza a partir del PIB (Producto interno bruto). Y como eje del discurso del desarrollo, hace que todas las atenciones y prioridades se concentren en la esfera económica, y dentro de esta, en la esfera de la producción y el consumo, de ahí que sea ahora necesario analizar qué significa el consumo y su correlato: el consumidor.

El consumidor, el hombre económico, el homo económicus, según la teoría clásica de la economía es un ser individualista, hedonista y racionalmente apoyado en el principio de costo/beneficio. El consumidor es un ser histórico y dependiente de un tipo de sociedad, en las que están codificados los deseos, las necesidades y los requerimientos que tiene dicha sociedad para seguir funcionando.

Todo esto sucede en el mercado, es decir, aquel espacio social e histórico en el cual el hombre económico se desempeña. Es ese sitio de intercambio de valores, rituales, reales o simbólicos. Es en sí mismo un mecanismo de regulación social. El capitalismo es la única sociedad que traslada las funciones de regulación social al mercado.

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